Influencia del clima sobre la presencia de pulgas en los animales de compañía

Las pulgas pueden causar importantes zoonosis

La actividad del ser humano sobre el entorno altera el equilibrio de los ecosistemas y puede favorecer el desarrollo de las pulgas. Durante décadas se ha restado importancia al papel que jugaban como vectores de enfermedades. Sin embargo, el aumento de las resistencias microbianas y la constatación de estos insectos como transmisores de virus, han puesto de manifiesto el elevado riesgo que conlleva su picadura.

Las pulgas (Insecta, Siphonaptera) son los ectoparásitos que con mayor frecuencia presentan tanto perros como gatos. La pulga del gato, Ctenocephalides felis, es la que presentan alrededor del 80 % de los perros y gatos parasitados en Europa, aunque además, los animales de compañía pueden presentar otras especies de pulgas: Ctenocephalides canisPulex irritans y Echidnophaga gallinacea. Son muy poco específicas de hospedador por lo que la misma especie de pulga puede picar a una gran variedad de animales de compañía y al ser humano. Las pulgas poseen gran importancia en medicina veterinaria; los animales alérgicos pueden llegar a presentar un cuadro clínico de dermatitis crónica acompañada de lesiones cutáneas y prurito, o DAPP (dermatitis alérgica por la picadura de pulga).

Las pulgas pueden ser causa de importantes zoonosis. Actúan fundamentalmente como reservorios y vectores de estadios larvarios de cestodos (Dipylidium caninumHymenolepis spp.) y bacterias (Bartonella vinsoniiBartonella henselae,Bartonella spp., Rickettsia typhiRickettsia felisMycoplasma spp.). La transmisión de los agentes patógenos tiene lugar mediante la picadura y posterior regurgitación de la ingesta de sangre o mediante la contaminación a través de los contenidos fecales. Durante décadas se ha restado importancia al papel que jugaban las pulgas como vectores de enfermedades, gracias a la eficacia de los antibióticos, ya que muchas de las enfermedades que transmiten son de origen bacteriano. No obstante, hoy en día, tanto el aumento de las resistencias microbianas, como la constatación de las pulgas como transmisores de virus, han propiciado que se reconsidere el elevado riesgo que conlleva la picadura de este insecto.

Ciclo biológico

El ciclo biológico de la pulga presenta diferentes fases: huevo, tres estadios larvarios, pupa y adultos.

Adulto

El adulto es atraído mediante estímulos por el hospedador: presión y vibración al caminar, detección de calor por su condición de animal homeotermo o emisión de CO2. Los adultos son hematófagos y pasan gran parte de su vida viviendo en el pelaje del animal parasitado. El acicalamiento y la actividad del hospedador pueden promover la caída de estos del animal, que únicamente pueden sobrevivir entre 3 y 5 días sin alimentarse.

Las hembras ingieren más cantidad de sangre (aumentan su volumen un 40 % mientras que en los machos el aumento es solo de un 3 %) y se alimentan con mayor frecuencia que los machos, y además llegan a ser más longevas (7,2 y 11,2 días respectivamente).

La puesta de huevos no se da nunca antes de las primeras 24 h tras el consumo de sangre; lo más común es durante las primeras 24-36 h. Además, el inicio de la puesta depende de la edad de la hembra, retrasándose en hembras con menos de cuatro días de edad. La tasa de puesta de huevos durante los tres días posalimentación es baja y se manifiesta una elevación máxima a los 7-9 días. La productividad media es de 20-30 huevos al día durante 50 días.

Huevos

Las hembras alimentadas depositan los huevos sobre el animal parasitado y gracias a que el corion que recubre el huevo está humedecido, se adhieren al pelaje del animal, pero se suelen desprender en las primeras 2-8 horas. Lo más habitual es que se encuentren en el ambiente próximo al animal: suelo, cama o alfombras.

El periodo que tardan en eclosionar los huevos varía mucho en función de las condiciones ambientales y con humedades relativas superiores al 50 %, va desde 1,5 días a 32 º C, hasta 6 días a 13 º C.

Larvas

Las larvas que eclosionan de los huevos se alimentan de materia orgánica y de los excrementos ricos en sangre que eliminan las pulgas adultas. La supervivencia larvaria en el exterior es muy limitada ya que tienen un comportamiento fotofóbico (no sobreviven a la luz solar intensa) e higrofílico (requieren un ambiente húmedo), de modo que mueren tras tres días sin encontrar alimento. Precisan por tanto de áreas sombreadas, húmedas y con presencia de mascotas infestadas (fuente del recurso alimenticio en forma de heces ricas en sangre que precisan las larvas). El desarrollo larvario varía mucho en función de las condiciones ambientales, teniendo una duración de entre 5 y 9 días.

Pupa

La pupa es la fase resistente donde se desarrolla el adulto. Se encuentra en el mismo ambiente donde se desarrollan las larvas debido a la limitada capacidad de desplazamiento que presentan. Cabe destacar que es la pupa la fase que mejor resiste las condiciones ambientales adversas de tal modo que puede sobrevivir durante más de seis meses, a la espera de que se establezcan de nuevo las condiciones adecuadas para emerger como adulto. Tras completar su desarrollo, que suele durar 10 días desde la formación de la pupa, la pulga permanece en estado de preadulto a la espera de que se propicien los estímulos adecuados para emerger de la pupa.

Influencia de las condiciones medioambientales

El ciclo biológico completo de la pulga tiene una duración de entre 14 y 140 días, que depende de los valores de temperatura y humedad relativa que vienen determinados por el tipo de clima y la estación del año. Las condiciones medioambientales determinan la presencia de pulgas, su tamaño y su distribución geográfica y estacional en un ambiente o área geográfica concreta. En nuestras latitudes, las pulgas presentan sus máximos de abundancia en primavera y verano, y se ha reportado una disminución desde finales de otoño y durante todo el invierno. Estas necesidades están muy ligadas a las áreas geográficas y a las especies de pulgas y se necesitan más estudios en áreas geográficas concretas.

La temperatura y la humedad relativa condicionan la supervivencia tanto de las fases inmaduras como de los adultos. Son favorables ambientes húmedos, con el punto óptimo en valores del 75 al 92 % de humedad relativa, aunque el desarrollo de la pulga se podrá completar a partir de valores que superen el 50 %. La temperatura presenta un rango adecuado de 27 a 32 º C, aunque valores superiores a 13 º C permiten el desarrollo del ciclo biológico de la pulga. Temperaturas superiores a 35 º C son letales tanto para las fases inmaduras como para el adulto. La desecación es también un importante factor limitante y afecta a todas las fases inmaduras —la larva es más susceptible que el huevo—, con la salvedad de que pupa y preadulto tienen una mayor tolerancia. La pupa y el preadulto presentan una baja demanda respiratoria debido a la apertura puntual de los espiráculos, hecho que evita la pérdida de agua y permite que su supervivencia sea mayor en condiciones de baja humedad relativa. Las larvas y los adultos en cambio tienen más tiempo los espiráculos abiertos, lo que explica su menor tolerancia a valores bajos de humedad relativa. La longevidad de los adultos está directamente relacionada con valores altos de humedad relativa y bajos de temperatura siempre dentro de los rangos adecuados. En contrapartida, el desarrollo de las pulgas en ambientes de interior con calefacción y humedad relativa superior al 50 % aseguran su supervivencia durante todo el año.

El control de pulgas en animales domésticos precisa la ejecución de forma paralela de dos medidas:

  1. La aplicación de insecticidas tópicos o los recientes tratamientos por vía oral disponibles.
  2. El control del entorno inmediato del animal parasitado con insecticidas, debido a la presencia de fases inmaduras que si no son eliminadas no harán más que retroalimentar la población de pulgas sin combatir el problema de raíz.

Influencia del ser humano

Las alteraciones antropogénicas, el cambio climático y la globalización son los tres factores que pueden propiciar la emergencia o re-emergencia de las enfermedades transmitidas por pulgas. La influencia del ser humano sobre el entorno altera el equilibrio de los ecosistemas. El aumento vertiginoso de la población humana, el incremento de las áreas urbanizadas, la intensificación agrícola en monocultivos extensivos y la invasión de las áreas naturales por parte de los humanos, promueve la pérdida de biodiversidad de pequeños mamíferos, hecho que favorece el incremento de las infestaciones por pulgas. El cambio climático, además, puede favorecer la presencia de pulgas en determinados lugares o durante estaciones del año donde habitualmente no estaban presentes, hecho que puede ampliar su rango de distribución geográfica y estacional. La globalización permite que mediante el transporte de personas y/o animales, tanto las pulgas como las enfermedades que transmiten, se puedan trasladar en pocas horas a sitios muy lejanos.

La distribución mundial de las diferentes especies de pulgas, su papel en la transmisión de enfermedades zoonóticas, el impacto del cambio climático sobre los vectores de enfermedades y su importancia para la salud pública y animal, justifican la necesidad de aplicar medidas de control adecuadas frente a este importante artrópodo en cada región geográfica. A partir de los requerimientos de temperatura y humedad relativa que precisa el desarrollo de la pulga, se pueden diseñar modelos predictivos donde la integración de las variables meteorológicas en un área concreta y en un momento dado proporcionan previsiones espaciotemporales del riesgo de infestación por pulgas en un área geográfica determinada.

 

Fuente: http://argos.portalveterinaria.com/noticia/12380/articulos/influencia-del-clima-sobre-la-presencia-de-pulgas-en-los-animales-de-compania.html
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